Estoy ante una cambio importante en mi vida. Como quizás podrán haber descifrado si han leído todos mis posts, o si me conocen, como es el caso de algunos seguramente, yo estuve mucho tiempo lejos de mi casa. Estudié la totalidad de mi universidad afuera (casi 4 años) y siempre fue duro estar lejos de mi familia y de mis amigos. Sin embargo, no me arrepiento en lo absoluto de haberlo hecho. Sé que es una experiencia que me marcó y que me dio muchísimo. Además, en ese tiempo construí algunos de mis mejores recuerdos.

Al final de mi carrera tuve una pequeña oportunidad de quedarme trabajando, que aunque a final de cuentas no se concretó, en el fondo nunca quise que se concrete. Fue un alivio regresar a mi casa. El ambiente familiar a mi me hace completamente feliz. Convivir con mis padres y mis hermanos, y ahora con mi sobrino también, lo considero como la más valiosa bendición que me ha dado esta vida.

Trabajo con mi papá desde enero, en teoría era algo temporal mientras encuentre algún trabajo, pero se ha extendido más de lo planeado. Conseguir trabajo ha sido más difícil de lo que pensé, y acomodarse en la empresa de mi papá no ha podido ser más fácil. Tengo facilidades que no tuviera en ningún lado, como almorzar en mi casa todos los días, y gozar de mucha más flexibilidad en todo sentido. También tengo la suerte de tener a mi papá cerca. Aprendo muchísimo de él y es mi ejemplo a seguir. A pesar de todo, sigo teniendo claro que esto no es lo que quiero hacer el resto de mi vida, y estoy consciente de que tengo que cambiar de trabajo.

El punto de toda esta larga introducción es que me ha surgido una oportunidad de trabajar en Estados Unidos. Es solo una pasantía hasta mediados de diciembre, pero existe la posibilidad de que se convierte en algo de mayor plazo, y ahí está el dilema. Por un lado, aquí tengo la tranquilidad de que estoy con mis seres queridos, pero probablemente la parte laboral (ni aunque consiga un excelente trabajo) no me va a llenar. En cambio, si es que me llego a quedar tengo la oportunidad de lograr cosas que quedándome aquí serían impensables.

Es una dura decisión, pero tengo que agradecer que por lo menos tengo la oportunidad de elegir. Quizás la mejor respuesta a todo esto sea buscar el equilibrio. Creo que estoy en una edad donde puedo sacrificar un poco la comodidad y apostar por llegar lejos. Soy joven y es el momento de arriesgarse. Luego, sé que mi vida regresará a la normalidad y volveré a vivir con mi familia como siempre he soñado.

Gracias a la sugerencia de una amiga mía, hace unos meses me animé a escribir un cuento corto. He venido construyéndolo lentamente, cada vez cambiando uno que otro detalle. No me atrevo a decir que está terminado, pero sé que si no lo publico ahorita, quizás se pierda para siempre. Así que comparto con mis lectores anónimos una historia muy especial para mi, titulada “Pronto”.

Como todas las noches, estoy aquí sentada comiendo con él como he hecho en mis últimos 53 años de matrimonio. Ya hace tiempo que no podía hacerlo solo, ayudaba una enfermera. Acabó la comida y fui a bañarlo y a vestirlo con las pijamas que siempre le han gustado. Vio televisión un rato antes de dormir, las imágenes lo mantienen entretenido. Antes de apagarla para dejarlo descansar, me puse a rezar junto a él, nunca pidiendo, nunca reclamando, solo agradeciéndole a Dios por cada segundo que pasábamos juntos. Luego me fui a mi cuarto, ya habían pasado seis meses desde que el doctor me había recomendado que durmamos separados. Es duro. Todas las noches a esta hora empieza el martirio. Ahora sí estoy sola. Yo contra el mundo, sin mi marido que me levante cada vez que me tropiece, sin el hombre que me ha hecho feliz. Ese hombre que podía alegrarme el día con una sonrisa, llevarme hasta el cielo con un beso, ha desaparecido. Aunque ya no me responde, creo que todavía me ama.

Nos conocimos un día en la playa, todavía guardo una foto de aquel momento tan maravilloso. Hemos formado un hogar lleno de amor, lleno de bellos recuerdos, y justamente eso era lo único que quedaba. Recuerdos. Cómo de pequeños solo pensamos en el futuro, y ahora no nos queda más que el pasado. Qué triste es saber que ya todo está hecho, de haber sabido que a esta edad me iba a sentir así, mi vida hubiera sido diferente. Hubiera aprovechado para darle más amor a los que me rodean. Más amor a Jorge. Quizás más amor hubiera prevenido su enfermedad. Dicen que lo cura todo…

Estaba soñando despierta, todas las noches lo hacía. Qué cosa tan maravillosa que puede ser soñar cuando existe la esperanza de que se cumplan tus sueños. Hoy, yo ya he perdido esa esperanza. De mis sueños de joven algunos se cumplieron, como casarme con mi marido y estar junto a él todo este tiempo. Otros, quizás no, como irme de esta vida antes que él. Desgraciadamente yo soy una vieja con una salud envidiable. Fumo y y me tomo un trago todos los días, y sigo bien parada. Estoy segura que voy a sobrevivir a mi marido. Dicen que un whisky al día sirve para vivir más tiempo, pero yo no tomo por eso. Yo tomo porque me gusta, y fumo porque me gusta, y si hay alguien que no este de acuerdo con estos hábitos míos, con respeto les digo que no me jodan.

Algo sonó. Creo que fue el aire acondicionado, está dañado y mi hijo siempre se olvida de mandarlo a arreglar. Yo ya estoy vieja para perder mi tiempo en adefesios. De calor no me voy a morir, así que me da igual.

No me acuerdo en qué estábamos. Seguramente estaba pensando en Jorge. Es que me hace falta. Me hace muchísima falta. Para mis seres queridos puedo parecer de roca, pero por dentro soy blanda, sensible y hasta llorona. Muy pocos me han visto llorar, y muy pocas veces, pero la verdad es que mi corazón llora cada instante que veo a mi marido sufrir esa enfermedad tan espantosa. Llora por dentro y en silencio, pero llora a mares.

Algo no está bien. Siento un vacío que no sentía hace un instante. La enfermera está gritando que corra a ver a Jorge. Dios mío santo, no me digas que te lo llevaste…

Qué no daría por una última mirada del hombre de mi vida. Por que coja mi mano una vez más, por un último beso, por una última sonrisa…

Tranquila, Elena. Pronto.

Hace bastante tiempo que no escribo. He estado bastante distraído y alejado de esta buena costumbre que había creado y eso me tiene bastante triste. El día de ayer alguien me envió una cita a mi correo que me encantó. Creo que es de esos párrafos que pueden cambiar la manera en que vemos las cosas. Así de fuerte me pareció su contenido. Aquí va:

I believe the single most significant decision I can make on a
day-to-day basis is my choice of attitude. It is more important than my
past, my education, my bankroll, my successes or failures, fame or pain,
what other people think of me or say about me, my circumstances, or my
position. Attitude keeps me going or cripples my progress. It alone fuels
my fire or assaults my hope. When my attitudes are right, there is no
barrier too high, no valley too deep, no dream too extreme, no challenge
too great for me.

- Charles Swindolf

He decidido aventurarme en dos proyectos nuevos. El primero es una blog dedicado exclusivamente a relatar biografías de personajes históricos. Pintores, escritores, reyes, emperadores, presidentes, y cualquier individuo que haya dejado sembrado algo relevante en este mundo. El objetivo puede parecer un poco egoísta, ya que escribo sobre estos personajes principalmente para aprender, pero están invitados a aprender conmigo. La página es www.personajes.me, y acabo de estrenarla con una breve biografía de Claude Monet. Ha estado interesantísimo leer sobre su vida y sus obras, más de lo que me esperaba.

Mi segunda aventura también está bastante interesante. Leí en el periódico que existe un taller de literatura contemporánea. Seguramente existen muchos, pero yo sólo se de este que está a punto de estrenarse. Parece que está hecho especialmente para mi. Me queda a dos cuadras de mi trabajo, y empieza exactamente cuando yo salgo de la oficina, seis de la tarde. Me quedó como anillo al dedo. No sé cuántos libros vamos a leer, pero eso no me precoupa tanto. Mi terror es encontrarme el próximo martes en un cuarto con veinte señoras con cuarenta y pico, o cuarenta y monedas como dicen en Argentina. Por eso tengo planeado arrastrar a mi hermana conmigo, para sentirme más cómodo en el caso de que se de la situación que les describo.

Espero que estas dos aventuras me duren, porque serían muy enriquecedoras. Comentaré sobremi progreso aquí en Autor Anónimo.

Acabo de regresar del cine, viendo una chick flick que para mi sorpresa he disfrutado bastante, ya que es un tipo de película que generalmente me rehuso a ver. El rechazo ha sido siempre un reflejo, y nunca me había atrevido a analizar el por qué.

Cierto es que disfruto un poco más las películas movidas, un poco más de acción y un poco menos de romance. Hay que sumarle el hecho de que el cine norteamericano, claro dominador del mercado cinematográfico, se ha vuelto un poco predecible. No es difícil descifrar que al final la pareja va a ser feliz, el hombre va a besar a la mujer, el bueno acabará con el malo, los que ganan más dinero probablemente no morirán y viceversa, entre otros detalles. Y hablando específicamente de las famosas chick flicks, pienso que son las más predecibles de todas.

Lo curioso es que hemos llegado al punto en que necesitamos los mismos finales de siempre. Si no se casan al final la película es pésima, y quién sabe qué pasaría si un día de estos ganaran los malos. Es una falta de creatividad que contagia y embrutece a los espectadores.

Pero la principal razón por la que siempre evito el romance, es porque hay veces que emociona, y a mi no es muy difícil hacerme emocionar. Un par de sonrisas bien actuadas junto a algún acontecimiento importante y ahí me van a tener, capaz hasta con los ojos comenzando a humedecerse. Eso sí, para mi defensa tengo que confesar que sólo me pasa esto con momentos felices, quizás porque me gustaría vivirlos o, mejor aún, porque los he vivido. Lo triste no me saca ni cuarto de lágrima. Puede ser que si las películas son basadas en hechos reales me lleguen a afectar, pero es difícil.

El caso es que por muchas razones voy a intentar cambiar este reflejo. Hay varias cosas más de mis gustos del cine que quisiera compartir, así que vamos a dejar este post incompleto para por lo menos publicar algo.

Está de más decir que cualquier comentario es muy bienvenido.

Nació mi sobrino. Juan Pablito es oficialmente un nuevo integrante de mi familia, y qué integrante mas maravilloso. Me sorprende cómo me conmueve hasta el más mínimo movimiento, por más sencillo y más común que sea. Quisiera poder compartir una foto con los que se crucen con este humilde blog. Créanme que es la única forma de que entiendan lo precioso que es ese niño. Una simple descripción sería un insulto a su belleza.

Tengo el honor de ser el padrino del recién nacido, y me hace feliz más que nada porque siento que sus papás están dándome su voto de confianza, que saben que mi amor por ellos y por él siempre será inmenso.

Gracias a Dios y a las oraciones de todos, el bebé nació sano y mi hermana está bien también. Yo fui uno de los primeros en verlo, unos pocos minutos después de haber nacido, y no estaba tan inquieto como me hubiera imaginado. Estaba en los brazos de su papá, relativamente tranquilo, intentando procesar las primeras imágenes de su vida. Mi hermana se encontraba bastante cansada, pero más que nada se la veía perdidamente enamorada, de esa imagen divina de su esposo contemplando a su primer hijo. Love was in the air.

La primera vez que lo cargué sentí fue una mezcla de emoción y miedo. La segunda, más bien una mezcla de emoción y pedos. Aprovechó que estaba bien cómodo en mis brazos y mandó la descarga más grande de su vida. Se cagó como Dios manda. Fue bastante chistoso, porque verlo al pobre hacer un esfuerzo tan grande por deshacerse de este elemento conmovió a toda la familia. Obviamente despues tocó cambiarlo, pero este es un trámite del que hasta el momento sólo he participado como espectador.

Todo esto ha sido increíble. El nacimiento de Juan Pablo marcó la vida de todos, y me emociono sólo de pensar que tenemos una vida por delante junto a él.

Parece mentira que el dos de diciembre del año pasado fue la última vez que escribí en este blog. Y bueno, en cierta parte sí lo es, porque sin duda lo he intentado. Si tuvieran acceso al panel de control de mis blogs pudieran darse cuenta que cerca de diez borradores esperando ser perfeccionados. Da pena por algunos porque estoy seguro que nunca lo serán. En todo caso, he muerto en el intento de seguir compartiendo mis pensamientos, y cada vez mi comportamiento es más difícil de explicar. Por lo mismo, creo que estoy perdiendo el tiempo intentándolo así que vamos a cosas más concretas.

Tengo que actualizarlos con lo que ha sucedido en mi vida. Decidí, pues, regresar a mi país y a mi vida de siempre. Acabé mi carrera en una reconocida escuela de negocios de latinoamérica, con honores por buen desempeño académico, y estoy estrenándome en el mercado laboral. La búsqueda de trabajo está resultando bastante difícil, no sólo porque no hay mucha oferta, sino porque no estoy seguro si quiero trabajar para alguien o para mi. Ese dilema es tan profundo como para llenar un blog entero, así que lo dejaré ahí por el momento. Han sucedido más cosas, que se merecen su propio post en su debido momento, pero en resumen, estoy feliz con las decisiones que he tomado. 

Por cuestiones de sueño y más que nada de prudencia, tengo que despedirme. No estoy satisfecho con lo que he escrito, pero necesitaba comenzar con algo, por más que no tenga estructura ni sentido.

Estoy bloqueado. Es un poco frustrante que no te salgan las palabras. Creo que nada ha cambiado mucho en el último mes como para justificar esta falta de ideas. Es cierto que se acerca una decisión importante en mi vida, si me quedo o si me voy, y quizás este a sólo unos días de tener que dar mi respuesta. Es cierto que los dos caminos tienen beneficios importantes, y que da la casualidad de que son casi totalmente opuestos. 

Pero todo esto no es nuevo. La incertidumbre ha estado consumiendo mi cabeza hace ya por lo menos dos meses. Esto, y ciertas complicaciones en mi salud, me han generado cantidades industriales de estrés. Sobre mi salud no hay de qué preocuparse, es más que probable que todo haya sido causa del mismo estrés que les comento. 

Últimamente he estado más relajado. Quizás sea porque ya casi todo está listo para mi graduación, la meta está más cerca y ya casi no quedan obstáculos. Pero más que eso, creo que es porque en mi mente ya tomé una decisión. Mi cabeza y mi corazón ya saben perfectamente lo que quieren, o por lo menos eso creen, y sólo están a la espera de que yo decida gritárselo al mundo entero.

Ya falta poco para eso, sólo me detiene el miedo a equivocarme. Por suerte ya estoy comenzando a entender que ninguna de las dos opciones está incorrecta, y si es que cometo algún error, estoy todavía en una edad donde puedo darme ese lujo.

Mi papá se iba de retiro la semana pasada, y cada familiar tenía que enviarle una carta de reflexión. La hice rápido, pero creo que no salió tan mal. Desgraciadamente, el retiro resultó ser un fiasco y a las pocas horas, valga la redundancia, se retiró. Creo que nunca leyó la carta, no todavía en todo caso, pero aquí la publico, porque el amor que tengo hacia el no tiene que ser ningún secreto. 

En cuanto al título del post, lo puse porque así empieza una canción que hace años le canté a mi papá. Bueno, sin más que decir, ahi va:

Papi:

Te escribo rápido porque me acabo de enterar que te ibas de retiro, de haber sabido con más anticipación podía haber hecho algo más elaborado. Pero quién sabe, quizás así sale mejor, más natural.

Quiero aprovechar esta carta para decirte cosas un poco diferentes a las típicas cartas del día del Padre, por ejemplo. Los dos sabemos de memoria que nos amamos, que nos queremos, que nos extrañamos, y aunque nunca está de más decirlo, ahorita prefiero hablarte de otros temas.

Mucha gente, te lo digo porque me lo han dicho, creen que tú y yo somos muy diferentes. Yo creo que es todo lo contrario. Por dentro somos exactos. Quizás nunca lo hayamos hablado, o no nos habremos dado cuenta, pero es la realidad. Para mi parecerme a ti es una bendición. Creo que tú viviste lo mismo que yo con mi abuelito Jorge. Tú sabes lo que se siente ver que todo el mundo admire a tu papá, que sea querido por tanta gente. Y querido de verdad y con justicia, porque a ti te aman porque eres una persona realmente extraordinaria. Todos tus méritos son más que merecidos, te has ganado las cosas con honestidad y con el sudor de tu frente. Y todo por tu familia. 

No te puedo explicar con el orgullo que digo mi nombre cada vez que me lo preguntan. Por ti, y por mi abuelito. Estoy seguro que él en el cielo está feliz de ver al hijo tan maravilloso que nos dejó.

Una última cosa antes de despedirme, y de nuevo, qué pena que tenga que ser una carta tan corta. Quisiera que habláramos más. Yo sé que tú quieres saber más de mí, y espero que sepas que yo también, así que sólo es cuestión de hacerlo. El otro día que hablamos un buen rato por teléfono para mí fue un sueño, quería seguir conversando de largo. Yo quiero que nuestra relación sea cada día mejor. Estando aquí solo en Monterrey, extrañando tanto, hay días que me arrepiento de esas veces que no me fui a hacer cosas contigo. Que no daría por irme este fin de semana a verte volar alguno de tus aviones, o de irme a andar en bici contigo. Daría la vida.

Bueno Papi, te dejo, espero que disfrutes tu retiro. Y no te olvides nunca de esto:

Todos te quieren y todos te admiran. Pero nadie, nadie más que yo.

¡Te amo!

De repente nos preocupamos demasiado por nuestro futuro. Me pasa a mi y les pasa a todos. Yo estoy a punto de graduarme, próximo a estrenarme en el mercado laboral de mi país, que después de las deprimentes elecciones del otro día está seguramente de bajada. Pero eso no es lo que me preocupa, porque yo sí me considero un buen candidato para los trabajos a los que apunto, y probablemente mejor que la mayoría. Lo que me molesta es la incertidumbre. Quiero saber qué viene, cuándo y cómo. He caído en cuenta que mis expectativas sobre el futuro aveces no me permiten disfrutar el presente.

Quizás a los estadísticos no les agrade, pero la primera verdad de todo pronóstico es que está equivocado. Unos más, y otros menos, claro está. Para qué obsesionarse entonces, planificando cada detalle de nuestro futuro, si lo único seguro es que va a estar incorrecto. Además, lo planeado no emociona y no deja espacio para sorpresas, y esas son las que endulzan nuestras vidas. Obviamente planear a largo plazo sí está correcto, y no hacerlo sería hasta irresponsable. Lo que critico es esa obsesión por saber cuál es el final, cuando lo maravilloso es el camino.

Hace unos días tuve la bendición de escuchar una charla de una persona con cáncer, Jesús se llama y le pido a Dios que se siga llamando por mucho tiempo. Me llegó al corazón. En casos como estos, irónicamente, parece que lo único que los hace caer en cuenta de que realmente son felices, es la espantosa y mortal enfermedad. Y lo cierto es que el ser humano es mal llevado por naturaleza. Con él fue el cáncer, con otros será un crisis económica y con otros la pérdida de algún familiar, pero siempre necesitamos que nuestro presente empeore para apreciar lo bonito que era el pasado. 

Jesús, como pocos podrían presumir, le hace honor a su nombre. Hace ya 4 años le diagnosticaron varios tumores, y los doctores le comentaron que le quedaban máximo 4 meses de vida. Ha pasado por 18 operaciones, ha estado clínicamente muerto en más de una ocasión, y Dios lo sigue mandando de regreso. Parece que allá arriba, por el momento, con un Jesús les basta.

Relaciono el tema de este post con la charla porque vino con un mensaje desde el fondo de su corazón, y créanme que vale la pena analizarlo. Una persona que ha enfrentado la muerte ha vivido más que todos los vivos juntos. Nos dijo, “la frase más falsa y más estúpida que he escuchado en mi vida, es que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde“. Y pensémoslo, esa frase nos invita a ser mediocres, a no apreciar lo que tenemos por default. Los lindos recuerdos serían más bonitos todavía si es que los apreciáramos desde el momento en que se están construyendo. 

Quién sabe cómo estaré mañana, eso es secundario. Lo que importa ahorita es que estoy aquí, escribiendo feliz de la vida, porque mi vida es realmente maravillosa. No digo esto para presumir, sino para invitar, porque la de ustedes también lo es. Gracias a Dios, siempre.